Pienso en que constantemente estoy intentando hacer todas aquellas cosas que harán de mi persona algo bueno (algún día). Es necesario tallar los troncos para hacer un bonito mueble. Los animales y las plantas no se preocupan de si son positivos para los demás de su especie, sino que son seres instintivos, que no reflexionan, limitándose simplemente a hacer lo que sienten que quieren hacer.
Los seres humanos, que afortunadamente nos diferenciamos de los demás seres vivos, sin embargo, no nos conformamos con nuestra imperfección, siendo ésta la razón por la cual nos preocupamos día a día por mejorar paulatinamente y formar, de este modo, nuestra ética y manera de actuar ante cualquier situación. "Mi libertad acaba donde empieza la tuya".
No vivimos solos. Hemos sido creados para vivir rodeados de otros de nuestra especie, y no me puedo permitir comportarme con ellos movida por mis propios intereses y sin tener en cuenta a los demás. Yo no me guío por mis instintos, ya que Alguien me ha dado una cabecita, la conciencia, la capacidad para razonar, para rectificar Esto es un privilegio. Por eso pienso que si vivo sin importarme servir como algo positivo en la vida de los que me rodean, de modo que deje una sensación de bienestar ellos después de una bonita conversación o una simple sonrisa, entonces mi concepción de la vida pierde valor. En este caso, vería carente de significado la convivencia entre la humanidad.
El día en que nacemos, es decir, ya nuestro primer día en este planeta, comenzamos la mayor tarea de nuestra vida, que no es otra que nosotros mismos. Poco a poco se va formando nuestra personalidad, nuestra crítica, nuestros valores, nuestras necesidades, nuestros gustos, al mismo tiempo que incluso nuestro propio cuerpo se va desarrollando. Cada uno de nosotros somos un proyecto que en ningún momento podremos dar por acabado. Es como si la vida fuese el ensayo de una gran obra de teatro que no se estrenará. Como alguien me dijo una vez, todos estamos aún por hacer, y para acabarnos necesitamos tiempo y a las personas que están a nuestro alrededor. Los años van haciendo del proyecto algo cada vez más perfecto, pero que nunca llegará a serlo por completo.
Me cuesta imaginar cómo sería la vida antes de que yo apareciese en escena, o cómo será cuando yo deje de ser. No me considero comienzo ni final de una época, pero está claro que mi existencia está determinada por el día de mi nacimiento, un 24 de diciembre de hace no muchos años, y el de mi muerte, cuya fecha desconozco.
Cuando yo no sea yo, es decir, cuando lo que llamo "yo" deje de existir, las modas seguirán cambiando, cambiarán las tendencias musicales, la tecnología nos seguirá sorprendiendo con nuevos avances, serán diferentes ideologías las que dirijan el mundo, este planeta sobre el que vivimos seguirá deteriorándose, se conocerán más cosas acerca del cerebro humano que actualmente ignoramos, se valorará el arte de un modo distinto y la gente que conozco desaparecerá poco a poco, dejando paso a las nuevas generaciones, entre ellas la mía. Antes de que yo deje de ser quizás algún día sea madre, abuela, bisabuela...hasta que llegue el momento de irme y dejar aquí todo lo que durante mi vida he estado forjando, entre todo ello, mi descendencia, y cada uno de ellos serán (o no) padres, abuelos, bisabuelos...
Las despedidas nunca han resultado fáciles, pero cuando la mía en concreto tenga lugar, me gustaría ser consciente de que ningún periodo de existencia en la historia es insignificante, y puesto que yo también estoy escribiendo la historia, soy uno de sus personajes. Cada persona que nace y que, como consecuencia, algún día muere, es alguien que ha dejado paso a otras nuevas personitas que no habrían nacido si no fuera por ella. Además, continuamente estamos influyendo en la gente que nos rodea (sea para bien o para mal) y dejando en cada uno de ellos una impresión que llevarán consigo durante toda su vida. Es así como se nos recordará cuando ya no podamos ejercer influencia sobre nadie.
Pongo en una balanza la vida y la muerte y llego a la conclusión de que la muerte no es más que una etapa más de la vida, el final de ella. Es lo único que podré hacer una sola vez en la vida y que hará que todo lo que yo haya hecho mientras ésta durara quede impreso en tinta indeleble.
Todos queremos ser independientes, pero no hemos sido creados para eso... Me explico...no podemos permanecer ajenos a todo tipo de responsabilidades, y mucho menos a las personas que nos rodean. Aunque nos cueste a veces reconocerlo, estamos atados a nuestro trabajo (si éste es el de estudiante, a nuestros libros y a la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos y con los que más esperanza tienen en nosotros de llegar a ser algo en la vida). No podemos realizar nuestras funciones vitales como seres vivos que somos sin un entorno adecuado. Necesitamos estar en un lugar sin riesgo de peligro, vivir cerca de otras personas y (una vez suplidas estas 2 necesidades junto con las fisiológicas) saber que hay gente a nuestro alrededor que nos aprecia y a quien nosotros asimismo apreciamos. Debemos ser conscientes de que necesitamos constantemente de otros para nuestro bienestar; es más, para nuestro "estar". No podemos vivir pensando que nadie se va a preocupar por si no llegamos bien a casa o por si faltamos al trabajo durante un tiempo. Es por esto que, remitiéndome a la primera frase, no concibo la "independencia" humana, ya que en todo momento estamos supliéndonos unos a otros necesidades como la compañía, la comprensión, el apoyo...ingredientes imprescindibles para la felicidad.
Una canción de Revólver habla de "el dorado", lugar idílico al que unos padre de familia aspiran llevar a sus hijos con esperanzas de un futuro mejor. Esto se uelve una obsesión y la canción nos cuenta cómo incluso se pierden la infancia de sus hijos. Al final... no lo resisten más... desisten de su intento...
¿Por qué a veces nos obcecamos de tal modod con utopías si darle valor a las pequeñas cosas de las que estamos rodeados? Una vez más vuelvo a los renacentistas... carpe diem! Un día tiene 24 horas, ¿es posible que la sucesión de muchos días no tengas nada de atractivo hasta el punto de que no dejemos de soñar con lo imposible?
Tiempo de vacaciones... sin embargo, extrañamente (o quizás no tan extrañamente) mi cabeza parece no tener vacaciones, cosa que le agradezco enormemente, y es que si en algún momento dejara de funcionar no sé que sería de mí... :P Es precisamente por eso, porque no deja de darle vueltas a las cosas y de querer explicarse todo cuanto le rodea, que estoy aquí...
No deja de parecerme increíble mi existencia... Todos sabemos que las preguntas existenciales traspasan el tiempo, y llevan muy dentro del hombre desde épocas inmemoriales, pero me gustaría ir un poco más allá. Claro que me resulta extraño EXISTIR, SER... al fin y al cabo... es una entre miles y miles la probabilidad de que Joanna (tal y como los que me conocen saben que soy) y no cualquier otra persona esté hoy aquí delante de este ordenador. Y sí, ¿por qué negarlo?, me refiero a "la semillita que papá puso en mamá", que aparentemente es tan fácil de entender para una mente adulta que no nos paramos a pensar en que ha tenido que ser ESA (y no otra semillita) la que se encontró con la de mamá para dar lugar a un ser único, irrepetible.
Además cada persona pertenece a una sociedad determinada, a una ciudad, a un instituto, a una familia... entender el porqué de vivir precisamente donde vivo y de pertenecer a todo lo que pertenezco por el simple hecho de nacer donde nací no deja de resultarme una eterna incógnita. La vida está condicionada por el entorno en el que me desenvuelvo. Si éste fuera distinto, probablemente mi vida no sería la misma...¿Cómo sería, entonces?
Después del segundo campamento del verano, me doy cuenta de que cuando estás en un campamento parece que es ésta toda la realidad que existe. sólo cuando vuelves a la vida real sabes que durante todo es etiempo ha habido una realidad paralela a la que, por supuesto, has estado ajeno mientras el campamento duró. Al volver, empiezas a oír comentarios sobre cosas que ni entiendes, y sobre sucesos que sucedieron m ientras tú estuviste ausente, y dices... "Pero... ¡el mundo no se detuvo!". Durante estos días siguió habiendo informativos, prensa... y yo sin enterarme. Es cierto, un campamento es como una burbuja, que te aisla de todo lo que ocurre fuera de ella. Y, creyendo que la realidad es todo aquello que nos rodea, resulta que en este caso, la realidad es todo menos aquello de lo que estamos rodeados. Paradójico, no?
Me despierto... apartando las sábanas, dejo mi nocturna morada, y dejo paso al día que me espera.Me sobrecoge por momentos pensar que el día seguirá su curso normalmente aunque no me levante de la cama, pero me sobrecoge aún más acostarme, cuando llega el momento,y no haber hecho nada que hiciese diferente ese día recién vivido. Realmente no es más que hacer las cosas con un poco de ilusión, y esta tarea se hace más sencilla teniendo presente que los días (sean buenos, malos o incluso de rutina) jamás se volverán a repetir... y cada día es una nueva secuencia de 24 horas, en que a pesar de las actividades propias de cada vida, todo será distinto: tu actitud frente al trabajo, tu modo de ver el mundo, la forma en que trates a los que te rodean, los resultados obtenidos en un examen, tu forma de valorar el sol o la lluvia, e incluso en algunos casos tu necesidad de ver las estrellas al acabar el día.
"Incluso el peor momento no es más que eso, un momento".
Hoy me pregunto... ¿de dónde habrán sacado las aparentemente poco inteligentes avestruces su táctica de esconderse metiendo la cabeza bajo tierra? Es sabio por su parte y codiciado creo que por todos, ya que a pesar de que los humanos tenemos la capàcidad única para realizar cosas inexplicables para otras especies, hay cosas de las que no podemos escapar, de modo que nos perseguirán siempre : la realidad. Tampoco sé si sería sensato intentar obviar las cosas que suceden a nuestro alrededor, ya que sería no ser consecuentes con nosotros mismos, lo cual no tendría sentido: somos humanos, no avestruces! De poco vale eludir el presente sabiendo que no desaparecerá por el hecho de querer que esto suceda, y, aunque nos fuera posible "sumergir" nuestra cabeza bajo tierra, en cuanto la sacáramos de ella, la realidad seguiría ahí.
Ayer noche cené en casa de los tíos de mis amigas ( que son primas) y tienen una bebé de poco más de un mes, acerca de quién escribí en el post "Aparición en el mundo", que, por cierto, se llama Irene. Lo que iba diciendo es que, como su mamá estaba haciendo la cena, me la dieron en brazos (sus primas y yo nos peleamos un poco por tenerla en brazos) para intentar dormirla. La cuestión es que finalmente se durmió, pero fue tan lindo!!.
Jajaja.... creo que tengo nostalgia de mis hermanas cuando eran pequeñitas. Ahora han crecido, y la dulzura se les ha ido con los años. Lo cierto es que al ver a la peque ayer pensaba en lo increíble que es que una cosita tan pequeña e indefensa, totalmente dependiente, es ya una personita. Es más, ya en el vientre de su mamá lo era, y todo ha sido perfecto para que sus órganos estén en el sitio correcto, con la forma apropiada, en las proporciones adecuadas... todo preparado para que crezca, y ese bebé vaya desapareciendo y trasformándose en alguien independiente. No es sorprendente??
Si bien la educación no es más que un imprescindible ensayo general para la obra teatral que pronto se ha de estrenar, ésta no lo hará hasta pasados unos añitos, ya que la educación tardará algún tiempo en dar sus frutos.
Si, por otra parte, consideramos educación no sólo aquello que el ser humano adquiere durante sus años de vida y que le ayuda a vivir en comunidad y a relacionarse con los que le rodean, sino también los conocimientos de los que se apropia durante toda su existencia en este planeta que compartimos, esta representación no tendrá lugar jamás, ya que si hay algo que nos diferencie especialmente del resto de los seres vivos es la capacidad de apredner cosas nuevas en cualquier etapa de nuestra vida; es lo que se conoce con el nombre de neotenia.
Llegado a este punto, deduzco que tal vez la vida es sólo el preludio de la función, una preparación que no se da perfeccionado... ¿La perfección? Gran utopía...
Yo soy de las que piensa que soñar vale la pena siempre... todos tenemos nuestro mundo, y a veces me sorprende pensar en la complejidad que tiene que tener nuestro sistema nervioso para que el cerebro pueda realizar tantas funciones y obedecer tantas órdenes a la vez. Mientras dormimos, y parece que estamos "en off" la centralita aprovecha para soñar...Todas las perfectas conexiones existentes entre cada neurona, y cada neurona con su función, y cada función realizada del mejor modo... ¿No es increíble? A veces, sin darnos cuenta, nuestro cerebro hace que nos creamos inmersos en nuestro mundo de "cuento de hadas", y sólo ahí nos creemos felices. Es de sabios serlo en la realidad y tener la capacidad de abstracción suficiente como para soñar dormidos o despiertos...y disfrutar de aquellos sueños que ya están cumplidos, y de aquellas cosas que jamás soñaste y que te hacen sentir especial.
Es en momentos en los que pienso que todo esto un día desaparecerá, incluída yo misma, de un modo semejante al que lo hace el encanto de la Cenicienta a las 12, cuando más consciente soy de que debo aprovechar cada momento... Y de que cada sonrisa que me he guardado ha sido un gesto mal obrado, ya que habrá un día en que no pueda sonreír a las personas a quien más quiero.. ya que antes o despúés todos habremos desaparecido de esta Tierra. Me basta la idea de que todo lo que veo va a dejar de ser un día para no preocuparme excesivamente por qué pasará o dejará de pasar con ello.
Sabiendo que el tiempo no puede ser manipulado, de modo que no por mover la aguja del reloj, el tiempo cambiará su curso, me alegra pensar que las cosas durarán siempre lo que tengan que durar, ni un segundo arriba ni abajo.
Quiero hacer muchas cosas en poco tiempo, quiero estar todo el día en actividad para no desaprovechar ni un minuto...en fin, hay veces en que esto es un poco obsesivo, pero me asusta la idea (idea que creo que ya intenté transmitir en un post anterior) de que un día se acaben mis días sin haber hecho todas aquellas cosas que me gustaría haber hecho. Está claro que hay etapas para cada cosa, pero (y ahora hablo por mí misma) no por estar en etapa de estudiar,estoy condicionada a no tener momentos para descansar, a no tener momentos de esos que sé que después me gustará recordar, y que hacen que mis días se diferencien. Son las pequeñas alegrías de los momentos aparentemente insignificantes, pero que hacen que acabes el día pensando que ha valido la pena, y que te animan a despertarte pocas horas más tarde a empezar de nuevo. Para empezar, no como una actividad monótona (que la vida no es eso, estoy segura), sino como una sucesión de situaciones (casi siempre marcadas también por la gente que te acompaña en ellas) de las que salir satisfecha y con ganas de seguir el día. Me encanta la idea de aprovechar cada momento, de callarme antes de meter la pata, y de esccuchar antes de hablar, ya que sé que mis "compañeros de viaje" (como los llamé en otro post al que remito a todo aquel que no lo haya leído) son el principal causante de mis buenos momentos (también de los malos, cierto es, pero prevalecen los bueno, luego... ¿para qué pensar en los malos?)y son los que contribuyen a escribir mi historia.
Como si nunca antes lo hubiera visto, como si fuese la primera vez que lo descubriera... A veces pienso que las consecuencias de vivir en una sociedad desarrollada en la que no falta de nada (salvo minorías)no son sólo buenas. En este momento estoy pensando en otra dualidad... en nuestras necesidades como seres humanos... Además de las necesidades primarias, que son las que tenemos cubiertas casi por el hecho de vivir en el primer mundo, todos tenemos nuestras necesidades que atañen a nuestra 2ª naturaleza (que no tienen menos importancia), a nuestro mundo interior. A veces, al vivir a la velocidad que vivimos, que es mayor en ciudades muy grandes, nos olvidamos de cosas como de pasar un momento al día disfrutando de las pequeñas cosas, un momento,en definitiva, para uno mismo, en el que desconectar del entorno en el que vives y sumergirte en tu mundo, ahí donde te encuentras plenamente a gusto...Además, ya nada nos sorprende, parece que todo lleve ahí toda la vida, y que nada es lo suficientemente grande o valioso como para "dejarnos con la boca abierta". Me di cuenta de esto leyendo a Jostein Gaarder en "El misterio del solitario",ya que él lo explicó gráficamente. Hablando de nuestra incapacidad para sorprendernos por las pequeñas cosas, y subestimar aquello a lo que estamos acostumbrados, él lo ejemplifica con un sombrero de copa. En un espectáculo de magia, todo el mundo espera que el ilusionista saque un conejo de la chistera, por lo que no se asombran cuando esto ocurre, aún a pesar de ser algo que no es posible realizar, pero todos tienen (por no decir, tenemos) en la cabeza la idea de lo que nos espera en un truco de magia. Así pierde el encanto el ilusionismo... Lo mismo ocurre a veces con muchas otras cosas en la vida diaria.Todo lo que consideramos "normal", carece de importancia, de trascendecia... y esto hace que muchas veces nos perdamos las alegrías de las pequeñas cosas. Jostein Gaarder decía: "¿Por qué no estar dispuestos a que salga algo sorprendente de un gran sombrero de copa, como es la vida, en que estamos inmersos?"
Sé que hasta hace poquito estabas rodando y dando vueltas entre una sustancia gelatinosa Sé que el esfuerzo que has pasado hace sólo unos días ha dado paso a tu aparición en escena Sé que todo te parece extraño y que no conoces a todos lo que con curiosidad te observan, pero cuando por primera vez en este mundo sentiste el olor de tu mamá la reconociste al momento Es más, si por un momento tuvieras que volver al sitio de donde procedes, sería la única que continuaría contigo, ya que ha sido en ella donde has estado mientras te formabas. Gracias a Dios, todo ese proceso ha ido bien: tus manitas se desarrollaron perfectas para que puedas abrirlas y cerrarlas correctamente, tus piececitos son tan maravillosos que algún día llegarás a comprender que son tu único medio de locomoción, y que son otro pequeño milagro, la forma de tu cabecita es la adecuada y es en ella donde condensarás toda la información. Incluso a ti misma te costará entender su funcionamiento, pero tranquila, ya que ni los adultos lo comprenderán jamás en su totalidad.
No te preocupes, pequeña, ya estás fuera. Y te encuentras ya en el camino que has de recorrer hasta la meta. Te llevará tiempo acostumbrarte a él, pero tus papás y tus hermanos se encargarán de enseñarte cómo hacerlo del mejor modo. Posiblemente no te expliques el porqué de tu existencia aquí. No seré yo quién te lo desvele, tú misma te irás maravillando al descubrirlo, pero sí te diré que tanto tu formación como tu aparición donde ahora convivimos ha sido un milagro, un milagro en equilibrio.
Forrest Gump decía que observando los zapatos de las personas puedes saber muchas cosas acerca de ellas: de dónde vienen, a dónde van Es más, él también creía que la vida es como una caja de bombones, ya que nunca sabes lo que te va a tocar.
Cambiando de autor, pero no de imagen, Jostein Gaarder dice en El misterio del solitario que la vida es una gran lotería, donde sólo son visibles los boletos premiados. Tanto la película de Forrest Gump como las muchas palabras de Jostein Gaarder de las que me he apropiado, me han hecho pensar.
Estoy de acuerdo con Forrest en que por la apariencia de las personas puedes saber cosas acerca de ellos mismos. La estética de una persona trasciende más allá de su apariencia, e indica su concepto personal de la belleza. Es por esta razón que fijándote en ellos puedes inventar hipotéticas vidas adecuadas a su apariencia y lo que éste deja entrever. También le doy la razón en la 2ª de sus frases aquí citadas. Creo que es precisamente en el desconocimiento de lo que pasará en un futuro donde reside la emoción de vivir, ahí se encuentra el placer de vivir día a día como el último, ya que no sabremos qué ocurrirá el día que le siga.
Me siento afortunada, ya que yo, al igual que tú, que me lees, he sido uno de los boletos premiados. Sí, aparentemente, todo ocurre por casualidad: papá metió una semillita en mamá, ésta fecundó un óvulo suyo y 9 meses más tarde asomé la cabeza a la realidad en la que ahora me encuentro. Puedes verlo de ese modo, pero también puedes pensar que has sido uno de los boletos premiados, y el azar déjalo para el 22 de diciembre. Cuando acabo el día y veo que ha valido la pena, entonces estoy satisfecha. Es en ese estado que soy feliz.
El cerebro humano es demasiado complejo como para ser diseñado por otro humano, luego no conseguiremos entenderlo nunca. De ahí que nadie pueda leer lo que otra persona piensa antes de que sus palabras lo delaten.
Creo que fue ayer cuando vino una personita extraña que yo no conocía a mi clase de lógica. Después de hacer varios ejercicios, nuestro desconocido, del que después supimos que acaba de terminar una ingeniería que tiene que ver con la informática pero de la que no recuerdo el nombre, objetó que nadie que no conozca perfectamente la lógica podrá programar un ordenador, por mucho que lo intente. Teniendo en cuenta que un ordenador es programado por el hombre, de modo que no puede contener más información de la que éste conoce, la programación de nuestro cerebro ha tenido que ser tal que supera nuestro entendimiento. De hecho, no todos desarrollamos las mismas partes de él, sino que se van desarrollando a medida que se ejercitan. ¿Cómo, pues, tuvo que ser el conocimiento de quien nos programó?
Y hablando del cerebro ¿Sabéis que utilizamos solamente alrededor del 10 % de nuestro cerebro? ¿Qué haría algunos genios si lo utilizasen al 100 %?
(Debo confesar que ésto ha brotado fruto de leer un post del blog de una amiga) El tiempo pasa super rápido este curso en especial me ha pasado más rápido que ningún otro. Pronto septiembre dejó paso a octubre, donde poco a poco vas familiarizándote con tus compañeros de fatigas y conociéndoles un poquitito más y noviembre, las navidades, enero, carnavales, marzo, semana santa, mayo Ahora estando ya a un mes de terminar una (hasta hace poco, nueva) etapa, me siento vencida por el tiempo. Ese enorme gigante que no deja de andar nunca, y que no permite que nada permanezca constante. Así que pronto acabará el curso, y como siempre se perderá el contacto con más de la mitad de los compañeros, aunque sé que ha valido la pena por las cosas que he compartido con algunos de ellos.
Además, sé que en el viajecito de la vida (y no es mi intención ponerme a filosofar) es más importante quiénes te acompañen en cada momento que los planes que se hagan y realicen, ya que estos pasan y se acaban, pero la gente queda ahí, y por eso me encanta empezar algo nuevo, en lo que sé que me encontraré con personas que me acompañarán en un tramo del camino.